Mi corazón es débil y poco fiable. Cuando me muera, será del corazón. Procuro castigarlo lo menos posible. Si presiento que algo ha de afectarlo, lo desvío haci otro sitio. El vientre, por ejemplo, o los pulmones, que pueden colapsarse un momento, pero siempre vuelven a tomar aliento. Las pequeñas humillaciones coditianas, por ejemplo, si al pasar por delante de un espejo me veo la cara de improviso, o estando en la parada del autobús unos chavales se acercan por detrás y dicen "¿No hueles a mierda?", suelo encajarlas con el hígado. Otros ataques los dirijo hacia distintos puntos. El páncreas lo reservo para la nostalgia de todo lo perdido. Es verdad que es un órgano muy pequeño para tantas cosas. Pero te sorprendería lo mucho que puede aguantar, lo único que siento es un dolor agudo, pero pasa enseguida. A veces imagino mi propia autopsia. Decepción que provoco en mí mismo: riñón derecho. Decepción que provoco en los demás: riñón izquierdo. Fracasos personales: tripas. No pretendo haber hecho de eso una ciencia. Tan bien estudiado no lo tengo. Tomo las cosas como vienen. Es sólo que he observado cierta pauta. El día en que se atrasan los relojes y oscurece antes de lo que yo esperaba, eso, por razones que no puedo explicarme, lo noto en las muñecas. Y cuando me despierto con los dedos yertos, es casi seguro que estaba soñando con mi niñez. (…) Dedos yertos, así vuelve a mí, al final de mi vida, el sueño de mi niñez. He de ponerlos bajo el chorro de agua caliente, el vapor empaña el espejo, fuera hay revuelo de palomas. Ayer vi a un hombre dar un puntapié a un perro, y lo sentí detrás de los ojos. No sé como llamarlo. Es el sitio que está antes de las lágrimas. El dolor del olvido: las vértebras. El dolor del recuerdo: las vértebras. Todas las veces en que, de pronto, me doy cuenta de que mis padres han muerto, porque aún hoy me sorprende estar en este mundo cuando lo que me creó ha dejado de existir: las rodillas, y necesito medio tubo de lilimento y muchos sudores sólo para doblarlas. Cada cosa tiene su momento, y cada vez que, al despertar, he caído en el error de creer por un momento que a mi lado dormía alguien: una hemorroide. La soledad: no hay órgano que pueda asimilarla toda.
Nicole Krauss - La historia del amor
- Milan - 29/05/2006 10:05
Siempre me sorprendes con tus lecturas de madrugada... y te imagino disfrutando del silencio oscuro sin prisas, con tu compi dormida, y te levantas y anotas el párrafo (o lo acotas en la PDA). ¡Qué cosas más raras lees... pero resultan! Si, resultan.
- Luis - 29/05/2006 13:06
La verdad es que no puedo dejar de estar de acuerdo con Milan: es un texto raro, salvo en la ultima frase:"La soledad: no hay órgano que pueda asimilarla toda", en eso estoy de acuerdo, en lo demas no se que pensar, eso de traspasar las emociones a distintos organos no acabo entenderlo y sobre todo no le veo la utilidad, bueno, quizas util si sea, pero, ¿lleva aparejada esta utilidad una merma de las emociones?, no lo se, y si asi fuera casi, y esto es una opinion muy personal, prefiero que sufra un poco el corazon antes que perder esas emociones. De todas formas el texto, pese a su rareza, da, como dirian los ingleses: "room to think", que traducido coloquialmente signifaca que da que pensar.
Un abrazo.
- Aquilino - 29/05/2006 17:08
Lo cierto es que es una historia (en realidad varias historias que terminan confluyendo) rara, (incluso desde el planteamiento literario que se hace en la novela), pero como decís da qué pensar. Para entender más el párrafo sería necesario contextualizarlo en un hombre muy mayor, que vive en soledad hasta el punto de que "quiere no morirme un día en que nadie le haya visto" y hace algunas exravagancias por el mero hecho de que reparen en él.
Por eso, no me extraña, (después de su propia historia de amor, que es el nudo de la novela) que este hombre enga necesidad, justamente de hacer lo que tú apuntas: trasladar las emociones a otros órganos para no sufrir. Además llama la atención el hecho de que cada órgano tiene "algo" en relación con lo que recibe y, finalmente, es su propia soledad la que no tiene órgano para recoger y va directamente al corazón.
- Su hermana mayor - 29/05/2006 22:28
¡¡Por eso no duerme,comiéndose el coco con esas profundidades a cualquiera se le altera el sueño...!!Hay que hacer otras cositas más relajantes...Pregúntale a tu cuñao,que en eso tiene la medalla al mérito...
- Ytuke - 29/05/2006 17:24
Lo de lecturas de madrugada es cierto. El procedimiento, es más sencillo: señal en la página y anotación de la misma en la última del libro.
El párrafo sí pertenece a un libro raro, más en su construcción que en la historia, pero me ha gustado. Ahora trato de descubrir a Von Hofmannsthal en "El libro de los amigos". A ver si te gusta este párrafo:
"De niño, cada hombre toma parte en los recuerdos de sus abuelos, de viejo toma parte en las esperanzas de sus nietos. De esta manera cada uno abarca cinco generaciones, de 100 a 120 años"
